24.2.12

El extractivismo y el liberalismo no nos sacarán del hueco


por: Yasmín S. Portales Machado
21 Feria Internacional del Libro de La Habana
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Hay sol y aire seco en las calles de La Cabaña, después de la penumbra y el fresco de la sala Nicolás Guillén –donde transcurre el Encuentro de Editores y Traductores Literarios–, el brillante colorido de los patios llenos de estudiantes y gente escapadas del trabajo me deslumbra. Apenas faltan tres minutos para que comience la presentación en la Sala José Antonio Portuondo y apuro el paso, ¿alcanzaré asiento?

Es que me dirijo a una de esas citas donde el público está garantizado, pues Ruth Casa Editorial tuvo la perspicacia de programar Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latina, del joven Gian Carlo Delgado Ramos –apenas conocido en Cuba–, junto a Reflexiones sobre la crisis actual y Notas sobre la economía cubana, dos libros del famoso José Luis Rodríguez García, quien fuera ministro de Economía de Cuba en los difíciles años de 1993 al 95 y vicepresidente del Consejo de Ministros y miembro del Consejo de Estado entre 1995 y 2005. Por si fuera poco, el presentador anunciado es Osvaldo Martínez Martínez, presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular y director del Centro de Estudios de la Economía Mundial, figura muy conocida por sus intervenciones en el programa Mesa Redonda de la televisión cubana.

Llego justo a tiempo: entro en la sala detrás de Francois Houtart, cuyo prestigio –no es poca cosa ser un sacerdote marxista y fundar el Centro Tricontinental– e imponente físico son la combinación perfecta para abrir paso entre la multitud. Sentada a su lado, ordeno las notas.

Los tres libros son fruto de coediciones que realizó Ruth Casa Editorial con entidades cubanas. Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latina y Reflexiones sobre la crisis actual tuvieron la contraparte de la Editorial Nuevo Milenio, Notas sobre la economía cubana –este libro circula desde agosto de 2011– fue asumido por el Instituto de Investigaciones Culturales Juan Marinello.

La primera persona en intervenir es Carlos Tablada, director de Ruth Csa Editorial y famoso por derecho propio. No porque tenga un Doctorado en Economía –mucha gente saca el Doctorado en Economía y no pasa nada–, sino porque ganó el Premio “Casa de las Américas” 1987 con El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara –todo unbestseller que ya lleva treinta y dos ediciones en trece países y nueve traducciones. Sus palabras introducen a los integrantes de la mesa, así que transcribo lo que descubro del desconocido:

Gian Carlo Delgado Ramos (México, 1978) obtuvo la Licenciatura en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Doctorado en Economía Ecológica por la Universidad Autónoma de Barcelona. En la actualidad es investigador del programa “El Mundo en el Siglo XXI” del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM e integrante del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional en Ciencia y Tecnología (CONACYT) de México.

Luego el turno corresponde a Osvaldo Martínez, que se apresura a aclarar que es para él extraña la circunstancia de presentar tres libros de dos autores que apenas se conocen, pero que coinciden en muchas de sus ideas. Asiento, pues en verdad es inusual en las dinámicas del libro cubano.

Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latina –comienza– es un libro singular. Somos constantemente bombardeados con opiniones sobre el tema que aborda, pero por propagandas tecnologisistas que promueven el fetichismo frente a una espiral tecnológico y consumista. En cambio, Gian Carlo Delgado busca desmontar esa lógica fetichista y revela cómo es parte de una gran estructura de dominación capitalista, que incluye elementos como la transferencia de tecnologías y el destino de los financiamientos para el I+D de universidades e institutos de investigación.

No es un libro antitecnológico –y la aclaración me tranquiliza, de eso tenemos bastante con ¿Hacia dónde va la tecnología?–, sino crítico de los modelos hegemónicos de desarrollo que se promueven todavía hoy para América Latina. Temas de extrema importancia como extractivismo, maquilas y dependencia tecnológica son expuestos con cuidado y amplitud, de modo que ayudarán al debate. En especial, hay una aparte para el análisis realista de las limitaciones que enfrentan los gobiernos progresistas del Tercer Mundo para liberarse de estas redes de dominación, aun cuando cuenten con voluntad política genuina y apoyo popular. Por todo eso su aparición en Cuba ilumina un tema en el que tenemos gran déficit de información.

La intervención de Gian Carlo Delgado se concentró a exponer la razón general que le motivó a escribir este estudio: Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latinanace de constatar que en muchas regiones de América Latina no se cuestiona el concepto de “desarrollo”, solo se le entiende como crecimiento económico, lo que reproduce los problemas estructurales de siempre. Si bien es importante el progreso científico y tecnológico el bienestar de los pueblos no puede garantizarse solo sobre la base de esos factores: son clave también los económicos, políticos, sociales, ambientales, culturales e incluso éticos.

Por supuesto, la derecha política sigue apoyando el modelo tradicional de desarrollo, no propone modos de salir del Extractivismo. Las materias primas que exporta América Latina se han depreciado hasta un 25% en el último siglo, por lo que exportamos más para compensar, pero ya es evidente que esos recursos están al límite. Es un modelo sin salida.

Aclaró que esa es la razón para exponer por separado los casos de Cuba y Venezuela: con la primera se desmonta el mito de que un país sin recursos naturales (y limitados recursos económicos) no puede desarrollar productos de alta tecnología, la industria farmacéutica cubana es reconocida en Europa; con Venezuela se desmiente la idea de que poseer abundantes recursos energéticos garantiza el éxito. No obstante, la apuesta de cambio del gobierno bolivariano está aún por verse, y en su caso, dar frutos.

En su segundo turno al habla, Osvaldo Martínez expuso con igual brevedad los valores de Reflexiones sobre la crisis actual y Notas sobre la economía cubana.

Todo libro de José Luis Rodríguez se espera con interés –afirmó como preludio–, pues el autor combina la exigente formación científica (en 1978 obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Económicas) con la experiencia práctica de diseñar políticas económicas entre los años 1993 y 2005.

Reflexiones sobre la crisis y la economía internacional actuales una reunión de ensayos donde se exponen ángulos poco tratados sobre las muchas caras de la crisis económica mundial: “La crisis global: sus orígenes y desafíos” aborda las acusas teóricas, profundas del estallido de 2007, sus consecuencias principales y los intentos de solución. Le sigue “El impacto de la crisis en Rusia, Europa Oriental y el espacio postsoviético”, se concentra en uno de los mayores impactos de la caída del Muro de Berlín, el desastre económico de los antiguos miembros del CAME, algo sobre lo cual no se discute nunca en Cuba. El tercero es “Nuevos actores en la economía internacional: los BRICs” y examina la dinámica de ese grupo de países emergentes –Brasil, Rusia, India y China–, haciendo especial énfasis en la validez de sus modelos de desarrollo, así como las perspectivas en los próximos años. Cierra el volumen un análisis de la relación entre Planificación y Mercado, con el estudio de caso de la experiencia en Europa Oriental como ejemplo de las tensiones que implica tal disyuntiva.

Notas sobre la economía cubana revela claramente la experiencia personal del autor en el manejo de la economía cubana en los años del Periodo Espacial. Ese periodo fue una epopeya que tuvo como protagonista al pueblo cubano, y este libro es testimonio de uno de los frentes más complejos en Cuba durante la novena década del siglo XX. Los tres ensayos que reúne reflexionan acerca de la política económica aplicada en Cuba entre 1959 y 2009, los modelos de planificación seguidos en el país, y, por último, las relaciones económicas de nuestro país con la Unión Soviética (1959-1991) y Rusia (1991-2010). Aunque los tres materiales están avalados por fuentes amplias y actualizadas, este aporte está lejos de agotar el tema, que pertenece tanto a los economistas como a los historiadores.

La última persona en intervenir fue José Luis Rodríguez, y se limitó a hacer algunas precisiones sobre el material expuesto.

Reflexiones sobre la crisis y la economía internacional actual
 trata de explicar la crisis desde ángulos que son poco tratados en los debates mundiales y en los análisis desde Cuba. El énfasis en el destino de los países ex–soviéticos se debe a que para él es evidente la hipocresía de los organismos económicos internacionales, que ocultan deliberadamente el nivel de deterioro de esas naciones –Letonia, por ejemplo, tiene el 25% de su población en la migración y un 14% de desempleo. Una debacle económica y social que, en su opinión, supera con mucho todas las faltas del llamado “socialismo real”. Sin embargo, las noticias de Cuba se concentran en Grecia y España, lo que dictan los medios globales.

El otro tema de estudio de ese libro es el aparente éxito de los BRIC, en su texto Rodríguez se une a los numerosos críticos que cuestionan la ejemplaridad de ese proyecto para el resto del Tercer Mundo. Se ha dicho que los BRIC superarán al Primer Mundo con sus índices para el 2050, pero el camino de esos países al desarrollo no es transitable –afirmó el economista. Hasta ahora solo intentan reproducir el modelo de consumo occidental lo cual implica exceder la capacidad de la economía global y del ambiente para sostenerlo.

Respecto a sus Notas sobre la economía cubana, explicó que su objetivo fue establecer una panorámica de la economía cubana revolucionara (1959-2009) con sus logros y errores, así como por qué es necesaria la reforma económica a partir de todo lo que ocurrió antes. Hay un discurso que se generaliza de a poco entre personas de derecha e izquierda, el cual pretende hacer tabla rasa con la experiencia económica del “socialismo real” durante el siglo XX y debemos enfrentarnos a esa idea. No todo lo hecho en Europa Oriental y en Cuba fue erróneo, aseguró, sin conciencia de ello no podremos seguir adelante.

La misma voluntad de desmitificación le motivó al abordaje de las relaciones entre La Habana y Moscú por medio siglo: ni fuimos un satélite que se beneficiaba unilateralmente de los subsidios soviéticos entre 1960 y 1990, ni nuestras relaciones con Rusia pueden estar basadas en las mismas lógicas a partir de 1991. Ambas cosas están demostradas con cifras y documentos.

Al terminar el encuentro, comprendí que la reunión de estos tres libros no se debió solo al interés de aprovechar la bien merecida fama de José Luis Rodríguez y Osvaldo Martínez. Hay entre Imperialismo tecnológico y desarrollo en América Latina,Reflexiones sobre la crisis actual y Notas sobre la economía cubana un hilo conductor: la crítica a los modelos hegemónicos de la economía global, especialmente los que se proponen desde el norte desarrollado para que el sur salga del subdesarrollo y que, cosa rara, en más de un siglo no nos terminaron con la deuda, la dependencia y el hambre.

20.2.12

Los costos ocultos de los Biocombustibles

Revista Ciencia y Desarrollo
Noviembre - Diciembre de 2011
Redacción - Sección Ciencia en México
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Al desarrollar y poner en marcha nuevas tecnologías para la producción de biocombustibles, algo que no se toma en cuenta, al momento de evaluar qué tan redituables son, es el costo de los insumos requeridos, la explotación de los recursos naturales, el uso de hidrocarburos, el impacto ambiental, advierte el doctor Gian Carlo Delgado Ramos, investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-UNAM.
"Un ejemplo de ello es el etanol. Producirlo implica, entre otras cosas, erosión de la tierra, contaminación y gasto de agua (huella hídrica), explotación de la fuerza de trabajo y el uso de petróleo. Entonces, tratamos de producir etanol para ahorrar petróleo, pero usamos el hidrocarburo para obtenerlo. No sólo eso, le apostamos a una energía que tiene un uso muy concreto: el transporte motorizado; en nuestro país y en el mundo, es, en su mayoría, de tipo privado, y tiene una movilidad muy baja –en promedio es de 1.2 a 1.7 personas por coche al año–, estamos hablando de que casi siempre va sólo el conductor", menciona el investigador.
"Hay estudios que indican que, para la obtención de un litro de etanol, se lleva a cabo un proceso muy largo: sembrar maíz, sacarlo, fermentarlo; ello conlleva una cantidad de movimiento de los propios insumos y, al final, lo que se gana, en el mejor de los casos, es un 10% de energía, aunque se puede perder, así lo sugiere el Instituto Estadounidense de Ciencias Biológicas. Entonces, si se utiliza esta tecnología, se invertirían muchos recursos y no sería tan redituable", explica Delgado Ramos.
En este sentido, "antes de poner en marcha una nueva tecnología, necesitamos estudiar el costo socioambiental. Mi posición entorno a los biocombustibles es que ninguno de éstos, por sí sólo, va a resolver el problema energético en el sector transporte porque este sistema es altamente devorador de energía. Las proyecciones de la cantidad de automotores en un futuro son inmensas –2,600 millones de unidades de pasajeros para el 2050– y no tiende a favorecer la movilidad en transporte público y no-motorizado. Al contrario, seguimos con el paradigma del uso de coches privados. Con esto no quiero decir que todos los biocombustibles sean malos, el problema es qué tipo de biocombustible, en qué condiciones y a qué escala se pretenden fabricar".
La UNAM ya trabaja en el estudio y análisis de estos energéticos desde cinco ejes básicos: socioambiental, huella hídrica, socioeconómico, política energética y emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de biocombustibles.
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4.2.12

Extractivismo minero, conflicto y resistencia social

Gian Carlo Delgado Ramos
Realidad Económica No. 265.
1 de enero - 15 de febrero.
Argentina, 2012. pp. 60 - 84.
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23.1.12

El mito de la economía verde

Gian Carlo Delgado Ramos
Ambientico No. 219.
Costa Rica. Diciembre de 2011.
ISSN: 1409-214X pp. 29 - 44
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La economía verde se ancla en el entendimiento de un impulso a la eficiencia y al avance de las “tecnologías verdes” como “la” solución, es decir, como una revolución tecnológica que no sólo re-dinamice la economía a la usanza de las revoluciones tecnológicas previas (léase: Delgado, 2002 y 2011; Pérez, 2004), sino que además contribuiría al mismo tiempo a solucionar los principales problemas y retos ante los que estamos. Desde tal noción, Rio+20 convoca a discutir “…cómo la economía verde puede contribuir al desarrollo sustentable y a la erradicación de la pobreza“ (Naciones Unidas, 2011). Las negociaciones del clima recientes lo han hecho de modo similar y cada vez con más énfasis en términos de “investigación y transferencia tecnológica para la mitigación”.
El concepto de economía verde, según se entiende en el marco de la asamblea general de Naciones Unidas, “…se enfoca principalmente en la intersección entre ambiente y economía” (Ibid: 4), y se agrega: “…puede ser visto como un lente para enfocase y aprovechar simultáneamente oportunidades en el avance de metas económicas y ambientales” (Ibid: 5). Se trata de un concepto que está pues hermanado a otros como “crecimiento verde” pero que, tal y como se suscribe, no sustituye el discurso del desarrollo sustentable, sino que lo enriquece (Ibid: 6). Así, desde tal perspectiva, mientras las empresas buscan mayores oportunidades de acumulación de capital, vía nuevas oportunidades tanto de reducción de costos de operación, como de incremento de apropiación de valor por medio del aseguramiento de nichos de mercado propios al avance tecnológico de la eficiencia, de las energías “limpias”, etcétera, “…los gobiernos tendrían el rol clave de  financiar la investigación y el desarrollo verde y la infraestructura necesaria para tal propósito, así como el facilitar un ambiente de apoyo a las inversiones verdes del sector privado y el desarrollo dinámico del crecimiento de sectores verdes” (Ibid: 6). De precisarse es que la propuesta empresarial es claramente entusiasta aunque con reservas pues por un lado se está en un contexto de profunda crisis económica, mientras que por el otro, persisten enormes intereses y por tanto resistencias al cambio de paradigma, dígase por ejemplo el energético donde opera el poderoso sector petro-eléctrico-gasero-automotriz (léase: Delgado, 2009). En cualquier caso, mientras la economía verde signifique nuevas oportunidades de transferencia de recursos públicos, de negocio y por tanto de acumulación de capital, la opción es atractiva.
Así, pese al estado relativamente difuso de lo que puede llegar a significar en la práctica la economía verde, ya se constatan ejercicios de avance por parte de actores de peso en la estructura político-económica mundial. Por ejemplo Naciones Unidas (2011: 12) precisa que para que la economía verde pueda entregar los beneficios que promete, “…debe ser parte de un movimiento en el que los sistemas de producción y consumo sean compatibles con el desarrollo sustentable a través de transiciones sensibles a las necesidades de desarrollo de cada país”.  Para ello, agrega, se visualizan siete rubros de acción: 1) el estímulo de paquetes verdes (financiamiento público al desarrollo e implementación de tecnologías y acciones verdes); 2) el impulso a la “eco-eficiencia empresarial” por la vía de incentivos político-económicos; 3) el “enverdecimiento” de los mercados (favoreciendo la oferta de productos y servicios “socio-ecológicamente amigables”, incluyendo los mercados de comercio justo o de sello orgánico); 4) promoción de la eficiencia energética de los edificios y del sistema de transporte; 5) restauración y mejora del “capital natural” (vía el establecimiento de cooperación internacional y la implementación de diversos mecanismos de financiamiento para el manejo de lo que se presumen como bienes comunes); asociado al anterior, 6) la búsqueda de “conseguir que los precios sean correctos” por la vía de establecer sistemas de pago por servicios ambientales y la creación de mercados de tales servicios; y 7) el establecimiento de una reforma tributaria que promueva eco-impuestos de diversa naturaleza (Naciones Unidas, 2011: 14 – 19). Además, el discurso precisa que, “…la erradicación de la pobreza y la mejora de los medios de subsistencia de los más vulnerables merecen una prioridad en la medidas que promuevan la transición hacia la economía verde” (Ibid: 12).
De cara a tales argumentos e intenciones, debe notarse que la visión que precisa a la economía verde como mecanismo clave para hacer frente a los problemas primarios del capitalismo de principios del siglo XXI, tiene enraizados múltiples supuestos, muchos de ellos no sólo contradictorios sino en efecto claramente equívocos pues, entre otras cuestiones, ésos parten de lecturas parciales y lineares de la realidad.

Seguir leyendo en AMBIENTICO 219.

Sobre llovido, mojado.

Por: Nataria Aruguete
Página 12. 
22 de Enero de 2012.
Buenos Aires, Argentina.
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El investigador mexicano hace un repaso inquietante de las razones y consecuencias del aumento de gases de efecto invernadero. También advierte sobre las deficiencias de América latina y el problema de la actitud de China y Estados Unidos.






Uno de los principales impactos del cambio climático en las grandes ciudades se relaciona con la alteración en los patrones de lluvia, el aumento constante de la temperatura y el cambio en los ciclos de agua. El mexicano Gian Carlo Delgado Ramos, doctor en Ciencias Ambientales por la UAB de Barcelona, visitó Buenos Aires invitado por el IADE y conversó con Cash sobre los principales impactos del cambio climático. El investigador de la UNAM analizó los altos costos económicos que se desprenden de estos efectos y las dificultades que enfrentan las urbes de los países en vías de desarrollo por la falta de un presupuesto suficiente y una planificación de largo plazo que permita hacer estimaciones fiables e impulsar acciones de adaptación y mitigación.
¿Cuáles son los principales efectos del cambio climático a nivel mundial?
–En términos generales, el aumento de la concentración de gas de efecto invernadero puede generar un aumento de la temperatura. Esto lleva a cambios en el clima y en los ciclos del agua. Por ejemplo, en las zonas donde suele haber precipitaciones dejará de haber disponibilidad de agua. Por otro lado, el derretimiento de los casquetes polares por las mayores temperaturas llevará a un aumento en el nivel del mar. A esto se agrega que con la política neoliberal desapareció una cantidad enorme de datos y hay un hueco en la información con la que se conciben los modelos para hacer estimaciones.
¿Cómo calcula el impacto económico del calentamiento en las grandes ciudades de los países en vías de desarrollo?
–La mayor preocupación se relaciona con el cambio en los patrones de lluvia; esto supone una agudización de las inundaciones en las ciudades. Buenos Aires es una zona que suele tener desbordamientos de las aguas y zonas inundables. En términos económicos, eso tiene un impacto enorme porque los sistemas de drenaje y los alcantarillados no dan abasto para desahogar las grandes cantidades de agua. Por ejemplo, producto del cambio climático, en la ciudad de México –ubicada a 2100 metros de altura– empezamos a ver un mosco que genera la malaria. Es muy raro que un bicho que suele estar al nivel del mar aparezca a 2 mil metros de altura. Eso tiene un costo tremendo para el aparato de seguridad social, especialmente de salud.
¿Qué factores están provocando este cambio climático?
–La alta temperatura en los espacios urbanos no tiene que ver solamente con que esté asfaltado el suelo sino con el tipo de construcción de las ciudades. Normalmente eso sube entre dos hasta seis grados la temperatura, lo cual genera además un uso intensivo de la energía para poder contrarrestar ese efecto.
¿Qué medidas se deberían tomar para detener este ascenso de las temperaturas?
–Lo ideal sería un acuerdo climático internacional. Pero el 51 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero las generan China y Estados Unidos. Mientras ellos no hagan algo para reducirlas, lo que ensayen otros países no alcanzará.
¿Por qué Estados Unidos y China?
–Porque son los que más energía consumen y generan una mayor quema de sus combustibles fósiles. Los gases de efecto invernadero se generan por combustión de combustibles fósiles, como el metano, relacionado con la producción de carne y la generación de residuos sólidos. En el caso de los alimentos, el IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) y las Naciones Unidas están sugiriendo la necesidad de reconfigurar las dietas, sobre todo las basadas en un consumo creciente de carne. Institucional y económicamente estamos menos preparados que los países ricos. La cantidad de recursos que tiene Estados Unidos para hacer frente a los impactos del cambio climático mediante acciones de adaptación y mitigación equivale al 3, al 5 y hasta al 10 por ciento de su PIB.

¿En qué consisten las acciones de mitigación?
–La reducción de emisiones tiene que ver con investigación en nuevas tecnologías o con cambios en los sistemas de transporte. Por ejemplo, pasar del transporte privado a transportes masivos, públicos, eficientes. Ese es otro problema para América latina: tenemos transportes públicos ineficientes, totalmente desarticulados y desintegrados. En las ciudades latinoamericanas, alrededor del 30 por ciento de la población usa transporte privado, pero el grueso del suelo urbano está funcionalizado para el automóvil.
¿Qué relación encuentra entre el avance del cambio climático y la producción de alimentos en las grandes ciudades?
–La concentración de la población en las zonas metropolitanas –en eso la Argentina es un caso paradigmático– obliga a que ese espacio urbano ponga en funcionamiento otros espacios para producir los alimentos que esa ciudad necesita. Argentina, siendo un país que ha impulsado el modelo agroindustrial sobre todo de ciertos cultivos, no tiene la capacidad de producir la diversidad de alimentos que necesita, pese a que es un gran productor agrícola y debe importar una cierta cantidad de alimentos, no sólo desde el extranjero sino desde las afueras de la ciudad. Eso tiene un costo creciente en dos sentidos: uno es el costo de traslado, refrigeración y logística. El otro tiene que ver con que los espacios dependientes de los alimentos van a enfrentar precios crecientes de esos productos, porque tienen problemas para producirlos, pero no sólo ante las consecuencias el cambio climático. Los problemas en la producción de alimentos están vinculados con el aumento de temperatura, pero también con el cambio en las precipitaciones o la calidad del agua. Además, la eficiencia en la producción, distribución y consumo de los alimentos es muy baja.
¿En qué sentido?
–A nivel mundial, en promedio se desperdicia la mitad de los alimentos que se producen hasta que llegan al plato. Y una vez que llega al plato no todo se consume, o sea que hay un desperdicio adicional cercano al 20 por ciento. Luego, lo que sobra lo tiramos en un basurero que produce gas metano. Todo esto genera conflictos de distinta índole: ¿a quién le quito el agua para traerla a la ciudad? ¿A quién le echo el agua sucia y la basura? En este terreno estamos tendiendo cada vez más a hacer planeamientos de muy corto plazo sin mirar las consecuencias a largo alcance.

27.12.11

“No sirve ser exportadores primarios”

Por Javier Lewkowicz
Página 12. Sección de Economía
Argentina, 27 de Diciembre de 2011
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El boom de la megaminería en la Argentina, que comenzó a fines de los ’90, despierta posturas contrapuestas, algunas de ellas encendidas, como decirle no a la actividad o, en el otro extremo, la defensa que encarnan las empresas y algunos gobiernos de las provincias donde se explotan esos recursos. Otros especialistas analizan de qué forma la minería puede generar desarrollo económico. Desde una posición crítica, Gian Carlo Delgado Ramos, doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), y Marcelo Giraud, geógrafo de la Universidad de Cuyo, convocados para un debate que organizó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), conversaron con Página/12 sobre el tipo de explotación minera en América latina.

–¿Qué papel debe jugar el Estado en relación con el sector minero?

Delgado Ramos: –Habría que discutir cómo entiende el Estado el desarrollo. Están los que buscan el crecimiento por el crecimiento, para que a partir de ahí se genere un derrame. Yo creo que eso no es desarrollo. En toda nuestra historia como región, el paradigma de la plataforma exportadora extractiva como punto para el desarrollo económico no se ha corroborado. El grueso de la población ve escasos beneficios y, sobre todo, costos, que tienen que ver con los pasivos ambientales. El principio del Estado no es la acumulación de capital, sino cómo se conserva de la mejor manera posible el entorno natural generando riqueza económica. El problema con la minería es similar a la industria nuclear, que tiene un riesgo ambiental altísimo.

–Algunos analistas sostienen que la renta que genera la minería puede potenciar el desarrollo económico argentino. De hecho, los esquemas más fructíferos en materia de industrialización incluyeron la captación de renta de los recursos naturales, como en el caso del IAPI. Si se tiene en cuenta ese aspecto, ¿cambia la valoración de la actividad?

D. R.: –Hay países que tienen un modelo primario exportador con grandes diferencias del esquema extractivista tradicional. Venezuela o Bolivia hacen una redistribución de la riqueza, que no sucede en otros países, como México. No nos podemos ir al punto de decir “no a la minería”, porque utilizamos esos materiales de forma creciente. Pero la discusión sobre el nivel de apropiación de la renta por parte del Estado deja de lado la pregunta de si realmente queremos ser un país primario exportador, un país que se dedique a la exportación minera. El modelo clásico capitalista es de innovación de ciencia y tecnología, no de exportación de minerales. Llevamos 200 años con el modelo primario exportador y nos está fallando.
Marcelo Giraud: –Cuando estaba vigente el IAPI existía una diversidad fenomenal de cultivos. Desde el punto de vista ambiental, tenía sustentabilidad. Todas las minas tienen impacto ambiental fuerte, pero no todas contaminan. Hay que ser muy rigurosos en el aspecto ambiental y además cobrarle impuestos como se debe. Estoy completamente de acuerdo con la medida de las retenciones, y creo que las regalías deberían ser mucho mayores. Pero no comparto la idea de financiar un proceso de desarrollo de esa manera. En casos como la producción de hierro en Sierra Grande para abastecer a las acerías nacionales, habría que ver de qué manera de puede aumentar la producción maximizando la reducción del riesgo ambiental. En Europa ni locos quieren tener el impacto ambiental que produce la minería, los españoles lo han sufrido y también los rumanos y todos los que estaban aguas abajo en el río Danubio. Tampoco quieren realizar minería los estadounidenses. Hay una fortísima resistencia.

–¿Habría que refinar el metal que se extrae?

M. G.: –En el caso del cobre, mi juicio sería muy distinto del actual si minera La Alumbrera lo extrajera según las necesidades nacionales y realizando el proceso productivo completo, con una refinadora cerca del yacimiento. Entre eso y exportar un concentrado de cobre en volúmenes muchísimo mayores a nuestros requerimientos, con un impacto ambiental muy alto, hay una diferencia enorme. La Alumbrera podría haber construido ferrocarriles, pero en cambio hizo un pésimo mineroducto, con episodios frecuentes de rotura y contaminación. Si hubiese sido un proceso integral al servicio del desarrollo argentino, sería otra cosa. Ahora es una economía de enclave.

–La empresa mixta brasileña Vale va a extraer potasio en Mendoza. Para ello anunció la construcción de un puerto y un ferrocarril. ¿Modifica eso el concepto de economía de enclave?

–No veo diferencia entre eso y otros proyectos actuales de megaminería. La ampliación del puerto tiene un diseño absolutamente específico para las necesidades de Vale. Es un puerto minero de cloruro de potasio. En cuanto al ferrocarril, que consiste en rehabilitar una línea que no se está utilizando, también está creado exclusivamente para el yacimiento y Vale no lo va a compartir. Cuando se agote el mineral, el tren no va a cumplir ninguna función.

18.12.11

Los derroteros de la nanotecnología

11 de Diciembre de 2011.

La nanotecnología es un hito en la historia del desarrollo científico y tecnológico de la humanidad. Sin embargo, los insospechados panoramas que abre al conocimiento y al progreso material también traen consigo un amplio margen de incertidumbre respecto a las consecuencias sociales de la manipulación de la materia. En esta entrevista, Gian Carlo Delgado examina los matices de la nanotecnología y pondera sus potenciales efectos en el devenir del siglo XXI.

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