The Conversation
13 de enero de 2026
ISSN: 2201-5639
La humanidad, la biodiversidad y el planeta Tierra enfrentan múltiples crisis de manera simultánea. La matriz energética mundial sigue siendo mayormente fósil –en más de 80 %– y el consumo creciente y desigual de energía y materiales constituye la causa principal de la responsabilidad climática diferenciada entre países.
Producto de la distribución desigual de la riqueza, se estima que el 10 % de la población más acomodada es responsable del 77 % de las emisiones globales asociadas a la propiedad privada de capital. El 40,7 % de la población más pobre, que accede a sólo 0,6 % de la riqueza global, figura en cambio entre la más vulnerable, y no sólo a los impactos del cambio climático.
Más allá del binomio energía-clima, la persistencia de formas de producción poco sostenibles y la extracción y consumo creciente de recursos están degradando la base material de la reproducción de la vida debido a la pérdida de la biodiversidad, la degradación y desertificación, así como la contaminación de aire, suelos, agua dulce, océanos y costas.
La transgresión de las fronteras planetarias es tal que ha puesto en riesgo la viabilidad de la vida, al menos tal y como la conocemos. No solo la biodiversidad y los ecosistemas están en crisis, la salud del planeta (y evidentemente la nuestra) también se encuentra bajo amenaza debido a la generación y exposición a una gran diversidad de contaminantes persistentes y tóxicos, incluyendo los plásticos que prácticamente ya se encuentran en todas las cadenas alimenticias.
DOI: 10.64628/AAO.myhmwp99a
La humanidad, la biodiversidad y el planeta Tierra enfrentan múltiples crisis de manera simultánea. La matriz energética mundial sigue siendo mayormente fósil –en más de 80 %– y el consumo creciente y desigual de energía y materiales constituye la causa principal de la responsabilidad climática diferenciada entre países.
Producto de la distribución desigual de la riqueza, se estima que el 10 % de la población más acomodada es responsable del 77 % de las emisiones globales asociadas a la propiedad privada de capital. El 40,7 % de la población más pobre, que accede a sólo 0,6 % de la riqueza global, figura en cambio entre la más vulnerable, y no sólo a los impactos del cambio climático.
Más allá del binomio energía-clima, la persistencia de formas de producción poco sostenibles y la extracción y consumo creciente de recursos están degradando la base material de la reproducción de la vida debido a la pérdida de la biodiversidad, la degradación y desertificación, así como la contaminación de aire, suelos, agua dulce, océanos y costas.
La transgresión de las fronteras planetarias es tal que ha puesto en riesgo la viabilidad de la vida, al menos tal y como la conocemos. No solo la biodiversidad y los ecosistemas están en crisis, la salud del planeta (y evidentemente la nuestra) también se encuentra bajo amenaza debido a la generación y exposición a una gran diversidad de contaminantes persistentes y tóxicos, incluyendo los plásticos que prácticamente ya se encuentran en todas las cadenas alimenticias.